Testimonio de Cristian Gabriel

No sé cómo estaría hoy si no hubiese asistido al campamento «Redimi2». Me había distanciado del Señor durante los pasados dos meses por un sentimiento de culpa causado por un error que cometí. Lamentablemente, soy demasiado perfeccionista y tiendo a juzgarme con la justicia humana; así que, aunque había pedido perdón, no lograba acercarme a Dios y me aterraba volverle a fallar. De pronto, comencé a depender de mis fuerzas y me refugié en la rutina del trabajo y los quehaceres. Pero el Dios al cual yo sirvo es misericordioso y preparó este retiro para rescatarme de nuevo.

Cada mensaje que escuché fue tan propicio para mis necesidades, que parecía que los hubiesen preparado especialmente para mí. Me sorprendía que temas tan sencillos como la gracia, la redención, y el amor incondicional de Dios, causaran tanto impacto en mi vida, desbaratando mis razonamientos y todo sentimiento de culpa y vergüenza. Sólo puedo recordar Juan 6:68 cuando Pedro dijo «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” Es increíble cómo se puede olvidar el poder transformador del evangelio y la necesidad continua que tenemos de Cristo. A través de este campamento, Dios me permitió reconciliarme con Él, perdonarme a mí mismo, y volver a depender de aquella gracia que es suficiente, «…gloriándome más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo» (2 Corintios 12:9). El Señor hizo la obra de restaurar mi identidad como hijo de Dios y he vuelto a experimentar el amor del Padre y a creer «que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).

Escrito por Cristian Gabriel Toro.

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